Origen y Evolución de AMPPI (1955 – 2017) Dr. Horacio Rangel Ortiz

Nacimiento y evolución de la AMPPI (1955-2017)  

Dr. Horacio RANGEL ORTIZ[1]

 Contenido:

 Nota preliminar

  1. La Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial
  2. Asociación Mexicana de la Propiedad Industrial
  3. Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial.
  4. Fusión de dos asociaciones
  5. Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI)
  6. La AMPI con una P y la AMPPI con dos Ps
  7. Las comisiones
  8. La mujer en la Asociación
  9. Sucesores y herederos de las dinastías de la propiedad intelectual en AMPPI
  10. El Consejo

Comentario final

Nota preliminar

Entre los practicantes del Derecho de la propiedad intelectual -lo mismo entre veteranos que entre principiantes-, de tiempo en tiempo se escuchan discusiones y especulaciones sobre los orígenes de la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI). Estas discusiones terminan con soluciones que no siempre son satisfactorias a los ojos y los oídos de los que participan en ellas y de los que, sin participar activamente, presencian y escuchan lo que se dice de un lado y de otro. El inicio de esta nueva época del Boletín AMPPI, dirigido brillantemente en su etapa anterior por Maggie Garate, se ha estimado ocasión oportuna para retomar el tema del nacimiento y evolución de la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI). Esto, a partir de fuentes diversas encabezadas por las publicaciones contemporáneas a ese nacimiento que consisten, en lo fundamental, en las anotaciones del jurista mexicano David Rangel Medina, Expresidente del Grupo Mexicano de la AIPPI, que aparecieron en la Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística, fundada y dirigida por él entre los años 1963 y 1979.[2] La Revista Mexicana fue la primera en su género publicada en nuestra lengua, y en opinión de personajes como el Dr. Arpad Bogsch, antiguo Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI),[3] la mejor de todas en el mundo.[4] El vacío que ha dejado La Revista Mexicana a partir de 1980, ha sido suplido desde entonces por la publicación española Actas de Derecho Industrial y Derecho de Autor que publica el Instituto de Derecho Industrial de la Universidad de Santiago de Compostela, bajo la dirección de eminentes juristas de la escuela gallega como Carlos Fernández Nóvoa, José Antonio Gomez Segade, Angel García Vidal, Anxxo Tato Plaza y Julio Costas Comesaña. Las Actas y La Revista Mexicana coexistieron en cinco años entre 1974 y 1979.   A diferencia de Bogsch, yo no puedo decir que las conozco todas, pero opino que es la mejor en nuestra lengua y, con frecuencia, me inclino a dar la misma opinión sin la calificación de nuestra lengua.

  1. La Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial.

El primer organismo nacional privado que agrupó a practicantes de la propiedad industrial en México fue La Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial, fundada como una Asociación Civil en el año de 1955. Sus dirigentes fundadores fueron Gonzalo Guzmán, Bernardo Gómez Vega y Ricardo Ignacio González.

  1. Asociación Mexicana de la Propiedad Industrial

 Diez años después de su fundación en 1955, en asamblea que tuvo lugar en el 11 de agosto de 1965, la Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial cambió su nombre por el de Asociación Mexicana de la Propiedad Industrial, como se le conoció por dos décadas. Además de esta alternativa, existía la propuesta de identificar al organismo como Asociación Mexicana de Profesionales de la Propiedad Industrial, pero prevaleció el de Asociación Mexicana de la Propiedad Industrial. [5]

  1. Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial.

Una década después de la fundación de la Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial, se realizaron gestiones encaminadas a la creación de otro organismo de profesionistas de la propiedad industrial. A diferencia de la Asociación Mexicana de la Propiedad Industrial, que era un organismo estrictamente nacional, el nuevo organismo sería el Grupo Nacional de México de la Asociación Internacional para la Protección de la Propiedad Industrial (AIPPI) o Grupo Mexicano de la AIPPI. De esta nueva asociación da cuenta la Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística en el ejemplar No. 5 correspondiente a enero-junio de 1964. Se trata de la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial (AMPPI) cuyos directivos fundadores fueron: Antonio Correa M., Enrique Correa M., Javier Uhthoff y Bernardo Gómez Vega y David Rangel Medina. Los antecedentes de la fundación del Grupo Mexicano de la AIPPI a través de la constitución de la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial parten de una decisión tomada en el Congreso de Berlín de la Association Internationale pour la Protection de la Propriéte Industrielle (AIPPI) en 1963 de acuerdo con la cual se acordó fomentar la creación de grupos nacionales en Iberoamérica.

  1. Fusión de dos asociaciones

La actual Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI) es el resultado de la fusión de la Asociación Mexicana de la Propiedad Industrial (antigua Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial) con la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial (AMPPI), las dos asociaciones fundadas con diez años de diferencia a mediados de la década de los años cincuenta y de los sesenta del siglo pasado. La fusión tiene lugar a principios de la década de los años ochenta del siglo pasado.

  1. Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI)

De las dos asociaciones fusionadas la que subsiste es la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial (AMPPI) que más adelante cambia su nombre por Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual (AMPPI) con la idea de incluir en su objeto temas de propiedad industrial y derecho de autor. Esta expansión se produce en tiempos contemporáneos a la instrumentación de transformaciones similares en la organización madre que poco tiempo atrás había cambiado el nombre Asociación Internacional para la Protección de la Propiedad Industrial (AIPPI) por Asociación Internacional para la Protección de la Propiedad Intelectual (AIPPI). Las siglas para identificar tanto al organismo nacional como al internacional quedaron intactas en uno y otro caso: AMPPI y AIPPI.

  1. La AMPI con una P y la AMPPI con dos Ps

 Fonéticamente tanto la AMPI como la AMPPI eran voces idénticas y, sin duda, similares en grado de confusión o, dicho con mayor precisión, voces cuasi idénticas, como se refería a este tipo de fuentes de confusión el ilustre abogado practicante y tratadista español Hermengildo Bayloz Corroza. La coexistencia, siempre pacífica, persistió por cerca de dos décadas, lo que obviamente conducía a confusiones que algunos colegas que iniciaron la práctica del Derecho de la propiedad intelectual antes que yo, como mi querido amigo Bernardo Gómez Vega (1918-2008), trataban de evitar refiriéndose a la más antigua como la AMPI con una P, y a la AMPPI que conformaba el Grupo Mexicano de la AIPPI como la AMPPI con dos Ps, con lo que se trataba de eliminar cualquier confusión, por lo menos entre quienes sabían que la AMPPI con dos Ps era la que conformaba el Grupo Mexicano de la AIPPI; sólo unos cuantos lo sabían: los miembros del Grupo Mexicano de la AIPPI. Otros, como David Rangel Medina (1919-2003), el último Presidente de AMPPI antes de la fusión, jamás se refirieron a la AMPPI como AMPPI a secas o AMPPI con dos Ps, sino invariablemente como el Grupo Mexicano de la AIPPI, como hoy se le sigue denominando a este grupo internacional acogido en el seno de la actual AMPPI, en donde tienen cabida lo mismo los miembros de la antigua AMPI con una P que los del Grupo Mexicano de la AIPPI, siempre que el asociado pertenezca a las dos asociaciones y cumpla con las exigencias gremiales de una y otra, que incluyen el pago de dos cuotas, una para el organismo nacional y otra para el organismo internacional Association Internationale pour la Protection de la Propriéte Intellectuelle (AIPPI). La AMPPI con una P, y la necesidad de diferenciarla de la AMPPI con dos Ps, se extinguieron con la fusión de ambas asociaciones que dio lugar a la AMPPI, siempre con dos Ps.

  1. Las comisiones

Desde la fundación de la predecesora de la actual AMPPI hasta nuestros días, ha ocurrido una importante transformación de la que los practicantes de mi generación hemos sido testigos, y que no es momento ni lugar para su reseña en detalle. De una asociación donde todo, absolutamente todo, giraba en torno a su presidente y un pequeño consejo sin oficinas ni apoyo administrativo –distinto del de la firma de abogados o agencia en donde el Presidente, el Secretario y el Tesorero practicaban el Derecho de la propiedad intelectual y la propiedad intelectual, y que de hecho integraban el staff de la Asociación–, las cosas han evolucionado hasta conformar un organismo nacional privado con oficinas y personal propios, y comisiones dedicadas a temas específicos de la propiedad intelectual, que no existían antes de 1995, último año del trienio en que ocupé la presidencia del organismo que este año cumple 62 años desde la fundación de su predecesora la antigua Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial. Esas comisiones todavía eran muy rudimentarias pues cada una de ellas era coordinada por cada uno de los miembros del Consejo a quienes encomendé en ese último año responsabilizarse de las áreas de patentes, marcas, asuntos contenciosos, derecho de autor y licencias. Como ocurre en la Suprema Corte de Justicia –cuyo Presidente no forma parte de ninguna de las dos salas que la integran, sino sólo del Pleno que preside–, el Presidente de AMPPI no formaba parte de ninguna de estas comisiones, sino sólo del pleno que reunía a los consejeros-coordinadores. Las tareas de los coordinadores de esas comisiones, que originalmente recayeron en manos de los miembros del Consejo de AMPPI, hoy corresponden a presidentes de comisiones designados por el Consejo a propuesta del Presidente, y ratificados por la Asamblea, en circunstancias que permiten al Presidente y a los Consejeros ocuparse de otras tareas, incluyendo la supervisión del trabajo de las comisiones. La lejanía de los miembros del Consejo con el trabajo rutinario de la comisiones y comités de trabajo se ha pretendido enmendar con reuniones de periodicidad no establecida en la que participan tanto los miembros del Consejo como los presidentes y coordinadores, a veces enriquecidas con la presencia de los expresidentes de la Asociación, quienes conforman una especie de consejo consultivo del Presidente de la Asociación como a veces ocurre en otros organismos nacionales e internacionales de categoría.

Han transcurrido más de dos décadas desde la instauración de las comisiones en el año de 1995, y su trabajo se ha hecho cada vez más diverso y abundante, pues éstas han aumentado en número y, a la par, se han creado nuevos grupos llamados comités que se concentran en temas específicos de la práctica del Derecho de la propiedad intelectual. El trabajo de comités y comisiones es supervisado por dos coordinadores integrantes del Consejo quienes informan al Consejo y a su Presidente lo que acontece en estos grupos, que hoy suman una veintena entre comisiones y comités. Admitido que el alma de la Asociación reside en el trabajo de estos grupos, se estima que las entrañas de la AMPPI continúan depositadas en las comisiones originales creadas en 1995, dedicadas a las principales vertientes del Derecho de la propiedad intelectual.

  1. La mujer en la Asociación

La sofisticación progresiva de la AMPPI es perceptible también en otros aspectos incluyendo el perfil de su membresía, que décadas atrás estaba integrada fundamentalmente por abogados –y, en una proporción menor, también ingenieros y científicos–, todos del género masculino, hasta la composición de nuestros días en los que las mujeres profesionistas ocupan un papel tan prominente y protagónico como el los varones que actualmente la integran. Esta diversidad y protagonismo femenino, propios de la configuración de la membresía, se refleja en los comités y comisiones de trabajo integrados y presididos por damas profesionistas del mundo contemporáneo de la propiedad intelectual, en los que destaca su trabajo en proporciones equivalentes a las de los caballeros que participan en los mismos trabajos. Además de un número importante de damas abogadas que practican el Derecho de la propiedad intelectual, la membresía incluye un número notable de ingenieras, biólogas, químicas y otras damas practicantes de diversas disciplinas científicas y otras profesiones administrativas.

Está muy bien averiguado que durante las primeras décadas de vida de la AMPPI su Consejo siempre estuvo presidido por un caballero. El perfil de los integrantes de los consejos también da cuenta de la evolución y sofisticación a que he aludido en líneas anteriores. De los distintos organismos profesionales nacionales e internacionales en los que he participado en más de tres décadas de práctica del Derecho de la propiedad intelectual, el primero que fue presidido por una mujer fue precisamente la AMPPI en cuyo seno se elige por primera vez en la joven historia de la Asociación una mujer para ocupar la Presidencia del Consejo en la persona de la abogada Heidi Lindner. A partir del cambio de siglo, la presencia femenina en los consejos de la Asociación es hasta nuestros días una constante y, de años atrás, se extiende al ámbito gerencial, en manos de una profesionista, la licenciada Lorena Martínez. Nada de esto era realidad en las primeras tres décadas de vida de la Asociación.

  1. Sucesores y herederos de las dinastías de la propiedad intelectual en AMPPI

A seis décadas de su nacimiento, la Asociación continúa su crecimiento con la participación de nuevos miembros y de continuadores de las prácticas de personajes del mundo de la propiedad intelectual como Javier Uhthoff Gorle, Gonzalo Guzmán, Guillermo Sesma, Carlos Durán Salazar, Bernardo Gómez Vega, David Rangel Medina, César Sepúlveda, José de la Sierra, Alejandro Uhthoff Julvecourt, Björn B. Vadillo, Jaime Delgado, Sergio Olivares, César Ramos, Mariano Soní, Miguel Esteva, Antonio Escalante, Gaspar Zavala, Oscar Becerril y Rafael Beltrán Fortuny, el primer profesionista mexicano en cursar estudios de posgrado en patentes en la George Washington University (Washinton, D.C.), el centro de enseñanza del Derecho de la propiedad intelectual más antiguo, y el más importante de su tiempo, al que después acudimos los de generaciones más jóvenes. En nuestro tiempo algunos miembros de AMPPI, damas y caballeros, continúan su formación allende nuestras fronteras en esta universidad y en otras como New Hampshire, Marshall Law School, Duke, Toronto, Cambridge, Queen Mary, Alicante, Santiago, Carlos III, Estrasburgo y Munich, a donde acuden regularmente profesionistas mexicanos a cursar estudios de posgrado en propiedad intelectual y en Derecho de la propiedad intelectual. Con anterioridad a Beltrán Fortuny, ingeniero de profesión, hubo quienes obtuvieron grados de maestría y doctorado en universidades de México y del extranjero, pero su formación en el mundo de la propiedad intelectual fue autodidacta en lo general.

  1. El Consejo

La sofisticación de la AMPPI es perceptible también en el perfil de los integrantes de los últimos consejos, los cuales con los años se han hecho más representativos de la diversidad y pluralidad que caracterizan a la membresía de la Asociación.  A la fecha, el Consejo de la AMPPI incluye dignos sucesores y herederos de las dinastías de la propiedad intelectual, que en los momentos que se escriben estas líneas lo preside don Fernando Becerril Orta, ingeniero de profesión.

Comentario final

De 1955 a 2017, la Asociación se ha transformado paulatina y progresivamente a través de la educación de sus integrantes y del contacto permanente con quienes les han precedido en la práctica del Derecho de la propiedad intelectual en el ámbito nacional. Cuando ha habido ese traspaso de experiencias y conocimientos, ha habido evolución.  También hemos sido testigos de una evolución cuando los practicantes mexicanos, de modo consciente o inconsciente, han procurado la importación de conocimientos y experiencias provenientes del extranjero –lo mismo de congresos, reuniones, cursos y seminarios que de posgrados universitarios y estancias en firmas de abogados– y se han contagiado de prácticas profesionales sanas, dignas de imitar y de adaptar al medio mexicano.

De años atrás la AMPPI tiene un valioso programa de Clínicas de formación de profesionistas en la práctica de la propiedad intelectual, pero nada suple la experiencia en carne propia, para la que el profesionista estará siempre mejor preparado cuando esa práctica va acompañada de los consejos provenientes de veteranos de la propiedad intelectual a través de esas clínicas insaturadas con el cambio de siglo en el seno de la AMPPI.  Una sólida formación académica entre sus integrantes –que se busca en otras fuentes distintas a las Clínicas, como las que antes quedaron ilustradas–, también contribuye a esa evolución.

En rigor, las asociaciones no evolucionan ni se transforman, son sus integrantes y sus directivos los que con educación, observación, actualización, viajes, experiencia, madurez, atención y curiosidad de lo que acontece en el mundo, aportan a la sociedad en que se desenvuelven lo necesario para hablar de una evolución del grupo.  Evidentemente, en esa evolución y progreso paulatinos ha habido –y habrá– tropiezos y desviaciones que requieren correctivos y rectificaciones, los cuales también forman parte de la transformación de esta agrupación, todo lo cual permite hablar de la evolución de la AMPPI, como estimo haberlo mostrado en este breve recorrido de la vida de la Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Intelectual, sucesora de la antigua Asociación Mexicana de Agentes de la Propiedad Industrial, fundada en 1955, como tengo dicho.

El  mundo se hace siempre más grande cuando uno va a asomarse al mundo de los otros:  H. de Mauleón.

Ciudad de México y agosto de 2017
Dr. Horacio Rangel Ortiz
Presidente del Comité de Tratados Internacionales y Expresidente de AMPPI

Fuentes:

  •  Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística (Director: David Rangel Medina), No. 1, enero-junio 1963, pp. 132 y ss.
  • Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística (Director: David Rangel Medina), No. 5, enero-junio 1965, pp. 189 y ss.
  • Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística (Director: David Rangel Medina), No. 6, julio-diciembre 1965, pp. 362 y ss.

[1] Doctor en Derecho. Socio de la firma de abogados Rangel y Rangel www.rangelyrangel.com   Ex-Presidente de la AMPPI, del Grupo Mexicano de la AIPPI (1992-1995) y de ATRIP (Asociación Internacional de Profesores e Investigadores de la Propiedad Intelectual 1995-1997). Integrante del Consejo Científico de la publicación española ACTAS DE DERECHO INDUSTRIAL Y DERECHO DE AUTOR (Universidad de Santiago). Consultor Externo de la OMPI. Primer Premio Nacional de Investigación “Al Mejor Trabajo Jurídico” que otorga la Barra Mexicana, Colegio de Abogados a un Abogado Practicante (2006) horaciorangel@rangelyrangel.com   HORACIO RANGEL ORTIZ 2017

[2] David Rangel Medina (1919-2013). Doctor en Derecho. Expresidente del Grupo Mexicano de la AIPPI, Premio Nacional de Jurisprudencia (1997), litigante practicante del Derecho de la propiedad intelectual primero como socio de la firma Basham Ringe y Correa, y después como socio de la firma Rangel y Rangel, Ciudad de México.   Recipiendario de múltiples reconocimientos incluyendo el Premio Nacional de Jurisprudencia, la Medalla Prima de Leyes Instituta, Gran Cruz de la Orden de Honor Forense, Medalla al Mérito (UIA), et caetera. Fundador de la cátedra Derecho de la propiedad intelectual en México (Doctorado de la Facultad de Derecho de la UNAM 1974). Autor de las obras Tratado de Derecho Marcario, Derecho Intelectual, Las Marcas y sus Leyendas Obligatorias y de más de un centenar de estudios jurídicos publicados en revistas jurídicas publicadas en una docena de países de América, Europa y Asia.
[3] La frecuente referencia a la AMPPI y la OMPI en temas de propiedad intelectual a veces provoca confusiones entre miembros del público ajenos a este medio y, en menor medida, entre las jóvenes generaciones que empiezan a incursionar en el ámbito de la propiedad intelectual. Se trata de organismos que poco o nada tienen que ver uno con otro. El primero es un organismo nacional privado, en tanto que el segundo es un organismo internacional público, sucesor de BIRPI. En 1883 se adoptó el Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial, en vigor en 1884 en 14 Estados; se estableció entonces una Oficina Internacional encargada de llevar a cabo tareas administrativas como la organización de las reuniones de esos Estados. En 1886 entra en escena el derecho de autor con la adopción del Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas. Como en el caso del Convenio de París, para el Convenio de Berna se creó una Oficina Internacional encargada de llevar a cabo tareas administrativas. En 1893, esas dos pequeñas oficinas se unieron para formar lo que se denominarían Oficinas Internacionales Reunidas para la Protección de la Propiedad Intelectual (Organización más conocida por su sigla francesa BIRPI). Establecida en Berna (Suiza), y con siete funcionarios, esa Organización fue la precursora de la actual Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Hoy la OMPI es una entidad integrada por 184 Estados miembros, cuenta con 938 funcionarios procedentes de 95 países, y su misión y mandato están en constante evolución.   A medida que fue aumentando la toma de conciencia acerca de la importancia de la propiedad intelectual, fueron cambiando también la estructura y la forma de la Organización. En 1960, las Oficinas se trasladaron de Berna a Ginebra para estar más cerca de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales de la ciudad. Diez años más tarde, y tras la entrada en vigor del Convenio que establece la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, las Oficinas pasaron a ser la OMPI, a raíz de una serie de reformas estructurales y administrativas y del establecimiento de una Secretaría para que rindiera cuentas de las actividades de la Organización a los Estados miembros. En 1974 la ONU y la OMPI celebran un acuerdo que entró en vigor el 17 de diciembre de 1974 (el 21 de enero de 1975 el Secretario General de las Naciones Unidas, Sr. Kurt Waldheim, y el Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Dr. Arpad Bogsch, firmaron un protocolo en el que se incorporó el texto del acuerdo). De esta forma, el 17 de diciembre de 1974 la OMPI pasó a ser un organismo especializado del sistema de organizaciones de las Naciones Unidas con el mandato específico de ocuparse de las cuestiones de propiedad intelectual que le encomendaran los Estados miembros de las Naciones Unidas. En 1978, la Secretaría de la OMPI se trasladó a la actual Sede que hoy es un edificio emblemático de Ginebra, con sus espectaculares vistas a la campiña suiza y francesa. En 1996, la OMPI amplió sus funciones al concertar un acuerdo de cooperación con la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo que en su día condujo a los Convenios de París y de Berna, ha sido el motor de la labor de la Organización y la de su predecesora en los últimos 120 años. En 1898, las BIRPI sólo se ocupaban de la administración de cuatro tratados internacionales. Su sucesora, la OMPI, administra hoy 24 tratados (tres de ellos con otras organizaciones internacionales) y, por conducto de sus Estados miembros y de su Secretaría, lleva a cabo un variado programa de trabajo con las siguientes finalidades: armonizar legislaciones y procedimientos nacionales en materia de propiedad intelectual; prestar servicios de tramitación para solicitudes internacionales de derechos de propiedad industrial; promover el intercambio de información en materia de propiedad intelectual; prestar asistencia técnico-jurídica a los Estados que la soliciten; facilitar la solución de controversias en materia de propiedad intelectual en el sector privado, y fomentar el uso de las tecnologías de la información y de Internet, como instrumentos para el almacenamiento, el acceso y la utilización de valiosa información en el ámbito de la propiedad intelectual. Véase OMPI, Breve historia de la OMPI en: http://www.wipo.int/treaties/es/general/

[4] En estos términos se refirió el distinguido funcionario internacional a la Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística durante una reunión internacional en la que estaban presentes personalidades de los más variados lugares del planeta, entre los que llamó la atención una expresión que con discreción cuestionaba la pertinencia de la opinión del doctor Bogsch, ciudadano húngaro-estadounidense, tratadista y experto en propiedad intelectual, además de funcionario internacional. La reacción de Bogsch: puedo decir que es la mejor, porque las conozco todas…

[5]Véase RANGEL MEDINA David, Asociación Mexicana para la Protección de la Propiedad Industrial (AMPPI), en Revista Mexicana de la Propiedad Industrial y Artística (Director: David Rangel Medina), Nos. 5, enero-junio 1965, pp. 189 y ss.

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