“Sororidad Profesional” por Lic. Marina Hurtado Cruz – Comité de Mujeres AMPPI

Sororidad Profesional
Por Marina Hurtado Cruz
Baker McKenzie

La palabra sororidad es un anglicismo (sorority) que, como primer significado, quiere decir asociación o comunidad de mujeres; su origen etimológico está en el latín soror, que se traduce en hermana. Tiene la misma función que la palabra fraternidad, cuyo origen es frater (hermano) y hace referencia a la asociación entre hombres. Cabe destacar que a la palabra sororidad se le puede atribuir un significado secundario, que sorority y sororité, en los idiomas inglés y francés respectivamente también tienen, el cual es utilizado para referirse a la solidaridad y cooperación entre mujeres. En México, el uso de este concepto se le atribuye a la antropóloga Marcela Lagarde que empleó la palabra sororidad en el contexto de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. De esta manera, el uso de este vocablo tiene actualmente una connotación social y cultural que alude a la cooperación entre mujeres que tienen un objetivo común: la equidad.
El empleo del concepto sororidad, aún no aceptado por la Real Academia Española (RAE), se enmarca en una serie de vocablos que están sujetos a la aprobación de lingüistas que no han aceptado otros términos por considerarlos redundantes y antieconómicos. Sin embargo, consideramos relevante su utilización para visibilizar un sector tradicional y comprobadamente marginado: el de las mujeres. 
Históricamente, las mujeres hemos ocupado un lugar secundario “a un lado”  o como “complemento” de un hombre, con derechos limitados y excluidas de posiciones jerárquicas en lo profesional, político y religioso. Esto se debe en gran parte a los atavismos sociales y culturales que se nos han impuesto, tanto a hombres como mujeres, en donde se encasilla erróneamente nuestro comportamiento en los ámbitos profesional, social, sexual y afectivo (a veces en contra de nuestros deseos y capacidades) a partir de la diferencia sexual (hombre-mujer), y en donde se ha cultivado culturalmente una relación de supra-subordinación, cuando si bien existen diferencias físicas, intelectualmente tenemos las mismas capacidades.
En México, la lucha contra la brecha de género ha sido larga. Desde acercarnos al conocimiento como lo hizo sor Juana Inés de la Cruz, quien en su contexto en el siglo XVII, tuvo que renunciar a su feminidad para disfrazarse de hombre y acceder a la cultura, que estaba limitada para varones, hasta ser reconocidos nuestros derechos políticos en 1953, como ciudadanas plenas capaces de emitir un voto y ser votadas para puestos de elección popular.
Actualmente, a pesar de que ha habido avances y de que constitucionalmente hombres y mujeres somos reconocidos como iguales ante la ley, perviven estas reliquias sociales. Basta con ver, por ejemplo,  el porcentaje de mujeres socias en las firmas de abogados, el número de mujeres que participa en paneles de seminarios, el porcentaje de mujeres que son presidentes ejecutivas CEO) de compañías o que  ocupan puestos de liderazgo. De acuerdo con datos publicados por el Instituto Simone de Beauvoir, las mujeres ganan en promedio 24% menos que los hombres por el mismo trabajo realizado y representan una media del 22% en los parlamentos en el mundo y 17% de los cargos ministeriales. Asimismo, de conformidad con un reporte del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) en 2017 la brecha de género en México se incrementó en su peor nivel en cuatro años, ubicándose en el lugar 81 de 144 en el conteo global. Si bien se eliminó la brecha de género educativa a nivel primaria, secundaria y media superior, hubo retrocesos en los rubros de participación y oportunidades económicas, índice de salud, supervivencia y empoderamiento político.
Desafortunadamente, esta asimetría entre hombres y mujeres no es la única que ha mantenido en desventaja a las mujeres en el aspecto profesional. Las mujeres también hemos sido partícipes y actoras de esta opresión, derivado también por resabios sociales, que nos hacen vernos como “enemigas naturales”. Sin ánimos de generalizar, en muchas ocasiones cuando una mujer comienza a abrirse camino y destacarse en lo profesional, no sólo tiene que lidiar con la misoginia y ataques de algunos hombres que en su autoconcepto de “superiores” tratarán de minimizar o eliminar su participación al creer erróneamente que no tienen capacidad de liderazgo, entre otros motivos, sino que además es posible que tengan que enfrentarse a la rivalidad o ataques de otras mujeres, que sistemática e inconscientemente, tratarán de frenar su avance, por el simple hecho de ser mujer.
De esta manera, la sororidad cobra vital importancia para luchar contra la desigualdad y brecha de género.  La sororidad no se trata de apoyar o estar de acuerdo en todo lo que diga o haga una mujer, ya que las diferencias nos enriquecen, sin embargo, implica que debemos cuestionar todas las cargas culturales que tenemos, apoyarnos o al menos no afectarnos,  ser solidarias y trabajar por un objetivo común, la equidad.
En conclusión, dentro del concepto amplio de sororidad, entendemos particularmente por sororidad profesional a la asociación entre mujeres, que coinciden con un determinado nivel de preparación, cuyas relaciones se guían por la cooperación, apoyo, mentoría, solidaridad y el respeto, con el objetivo de fomentar la inclusión en el ámbito profesional y eliminar la brecha de género, lo que se traduce no sólo en beneficio para las mujeres sino también para los lugares de trabajo y la sociedad. Estimadas lectoras, profesionistas, colegas, amigas, mujeres, procuren incorporar en su cotidianidad conductas equilibradas en donde se apoye personal y profesionalmente a otras mujeres. En el desarrollo profesional existen muchas cargas sociales como para ponernos más. Construyamos una cultura de sororidad profesional.

Marina Hurtado-Cruz
Asociada Senior, Baker McKenzie
Licenciada en derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM. Maestra en Derecho por el Munich Intellectual Property Law Center. Ha cursado diplomados en materia de Regulación Sanitaria de la Industria Farmacéutica y Derecho Energético. Cuenta con más de una década de experiencia en temas de propiedad intelectual. Actualmente lidera la práctica de Patentes de Baker McKenzie en México.

4 comentarios sobre ““Sororidad Profesional” por Lic. Marina Hurtado Cruz – Comité de Mujeres AMPPI

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  1. Felicidades por tan interesante artículo, Marina. Esta palabra -Sororidad- poco usada en la actualidad, implica sin duda un reto para fomentar la sana competencia y la ayuda mutua que debemos brindarnos independientemente del género, para crecer junt@s.

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  2. Marina, te felicito por tu artículo. Concuerdo plenamente contigo. La “asimetría” entre hombres y mujeres, también ha sido impulsada por nosotras. Nos quejamos mucho de discriminación, pero hemos sido parte de la misma desde la educación de los hijos y debemos de aprender de nuestros errores para convertirnos en una -Sororidad-.
    Por eso dicen que las niñas compiten la una con la otra y las mujeres nos empoderamos la una a la otra!

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